¿Sientes que todos avanzan menos tú?

Pocas cosas me pueden parecer tan melancólicas y frustrantes que sentir que no se avanza en la vida. Que se está estancado, paralizado y que, aunque a veces hasta se niegue ya el deseo, hay una voz que no cesa de pedirnos que ya salgamos de ese estado. Sin embargo a cada instante podemos tomar la oportunidad de actuar distinto si tan sólo empezamos, aunque sea de a poco, a desarrollar confianza en nosotros mismos. No se necesita mucho más.


¿En qué aspectos de la vida nos podemos sentir estancados o atascados?

En cualquiera; por ejemplo en lo económico, estado físico, relaciones sociales, romance, inteligencia, profesión, familia... Cualquier área en donde queramos o sintamos la necesidad de tener un avance sin lograrlo.


¿Pero cómo es eso de la sensación de no avanzar?

Hay una sensación de estancamiento o parálisis, pero resulta evidente que esto lo medimos de acuerdo a parámetros que, muy frecuentemente, vienen como resultado de una evaluación entre dos elementos: dónde estás y dónde se supone que deberías o quieres estar en el momento presente o en un momento determinado de tu vida.


Tal vez el dónde estés no resulte ser tan problemático como el dónde crees que deberías estar. Generalmente tu referente proviene de estándares culturales, sociales o familiares que fueron interpretados e interiorizados de manera personal, acerca de dónde deberías estar:

  • Según lo que tu crees o te enseñaron. Como he dicho, aquí entran estándares ajenos que has hecho propios casi sin darte cuenta y que se vuelven una especie de “Deber ser”.

  • Para la edad que tienes. Peor aún cuando te comparas con otros más jóvenes que ya han logrado lo que tú no.

  • En comparación con otras personas. Esto tiende a ser muy común porque, independientemente de que la familia nos haya puesto estándares o metas a alcanzar para ser personas "de bien" o "felices", muy frecuentemente usan a algunas otras personas como ejemplo de lo que se supone que debe ser. No pocas veces generalizan o exaltan (exageran) las cualidades de la otra persona con la que nos están comparando o que usan como modelo a seguir.


La trampa de las comparaciones.

En esto de sentir que no se avanza, cuando la sensación proviene de una comparación con otros, generalmente ocurre una distorsión. Te comparas con alguien que ya llegó a dónde tú quisieras llegar, pero no tomas en cuenta lo que esa otra persona tuvo que hacer, el precio que tuvo que pagar, el empeño y perseverancia necesarios para alcanzar esa meta. Entonces, como nada más miras el resultado, no te explicas cómo es que tú no lo has logrado; es decir, te brincas todo el proceso y, haciendo eso, es natural que te evalúes en rezago.


Además con las comparaciones sucede otra cosa; de pronto fantaseamos que el otro es muy feliz con eso que tiene o en el lugar que ha alcanzado. Y no digo que no lo sea, lo que digo es que como tú ya dijiste que lograr eso o llegar ahí es sinónimo inherente de felicidad sostenible, pues peor te sientes de tu estado actual. No es infrecuente que cuando miras a alguien que dices que lo tiene todo, a su vez esa persona esté mirando o soñando con algo que sienta que le hace falta. Todos siempre estamos buscando algo más; progresar es parte de la naturaleza humana.


¿Entonces la solución es dejar de compararse?

No necesariamente es dejar de hacerlo, sino cómo lo haces. Si te comparas para inspirarte a ser mejor o llegar al lugar que otros han llegado, no suena mal. Si te comparas para castigarte o regañarte por no estar ahí, definitivamente yo creo que no ayuda.


Pero es muy probable que haya otro elemento más obvio y determinante que las meras comparaciones por el cual sientes que no avanzas en la vida y es porque ¡¡¡efectivamente no estás haciendo algo para avanzar!!!


Seguramente no actúas, procrastinas, evades, te justificas o exteriorizas las razones por las cuales te mantienes en parálisis como se hace cuando se culpa a la economía, a la mala suerte, a los astros o a las injusticias sociales. Y entiendo perfecto que a veces avanzar no sólo es cuestión de voluntad, pero no pocas veces requiere una gran dosis de eso precisamente.


¿Por qué decimos que queremos algo, nos quejamos de no tenerlo, pero poco hacemos para conseguirlo?

Las razones pueden ser variadas, pero una fundamental y muy común es el miedo y ya sabemos que este viene en muchas presentaciones, se manifiesta de muchas formas y suele usar muchos disfraces.


Uno de los miedos comunes es a no lograr lo que se quiere y con ello entonces defraudar, quedar en ridículo, decepcionar y, como resultado, confirmar lo que en el fondo ya se creía: que somos personas poco valiosas, vergüenza de la familia. Otra forma del miedo es a sentir que no se merece alcanzar cosas buenas y entonces, si llega a conseguirse, sentirse un fraude y caer en riesgo perpetuo a ser descubiertos, exhibidos, denostados por el mundo y recibir un castigo de la vida por nuestro atrevimiento.


Muy en línea con esto, está el miedo a la crítica de los demás; esto especialmente cuando lo que queremos no va en línea con lo que alguna vez nos dijeron que deberíamos de querer, cuando por ejemplo nuestros padres esperaban que tuviéramos otra carrera o que a cierta edad les "diéramos" nietos. En esta línea no es casualidad que no se quiera avanzar en lo que se quiere ni en lo que se espera de nosotros. Incluso hasta parecería que quedarse congelados, sin darle gusto a nadie, ni a uno mismo, estaría libre de reproches, pero no es así. Esta parálisis cobrará factura con autoreproches tarde o temprano.


En otras ocasiones, como ya dije, el miedo usa disfraces para no ser evitado. Por ejemplo, a veces el miedo se disfraza de pereza. De esta manera puede actuar manteniéndonos lejos de lo que asusta, mientras nos hace creer que no estamos fracasando, sino que estamos muy cómodos en nuestra posición actual y que "ya habrá tiempo" cuando nos den ganas. Es mejor ser un perezoso que un fracasado ¿no es así?. Otro de sus disfraces es el perfeccionismo; este disfraz incluso puede ser bien visto de manera social. Pero en realidad el miedo, bajo esta modalidad, nos engatusa diciendo que, como hay tantos detalles que cuidar, como hay que estar absolutamente seguros de que todo ha sido previsto y adecuado para poder empezar, pues no conviene actuar hasta que todo haya sido cuidadosa y meticulosamente preparado. Otro buen disfraz con el que el miedo nos protege de la crítica, la autocrítica y, por supuesto, el temido y esperado fracaso. Usando este disfraz del miedo a lo sumo de lo que te puedan acusar es de obsesivo, pero nunca de fracasado.


Muchas veces es menos doloroso asumir que somos unos perezosos, que tenemos mala suerte, que somos ansiosos o que somos víctimas de injusticias que tener que admitir que somos insuficientes y que no tenemos lo básico que se requiere en la vida para alcanzar las metas. La buena noticia es que eso tiene un mucho de fantasía; lo tienes, pero temes usarlo.


Muchos de esos miedos son irracionales ¿por qué asustan?

Es verdad que desde afuera se ven así, pero desde adentro, para el que los padece, se viven como algo aterrador. Pero en realidad no son las cosas que nos asustan lo que nos paraliza, sino la sensación de incapacidad y falta de confianza en nosotros mismos lo que nos lleva a sentirnos vulnerables e indefensos ante lo que sea.


Se crea una sensación de desesperanza, impotencia e indefensión que proviene de una creencia básica: "No voy a poder". Esta creencia parte de una evaluación negativa aprendida muy temprano en la vida y que terminó por ser la precursora de una autoestima baja.


¿Qué hacer?

Caminos puede haber muchos y no hay uno que sea el absoluto o el correcto. Cada uno puede encontrar en diferentes estrategias una oportunidad para empezar a moverse; sin embargo, pienso que nunca sobra alguna inspiración para empezar. Veamos:


1.- Ocúpate de que en lo que quieras avanzar sea tuyo y dependa de ti:

  • Que sea tuyo: A veces nos sentimos atorados porque alguien no toma una decisión que estamos esperando que tome para poder actuar. Como el que espera que un hijo bastante adulto se vaya de la casa a hacer su vida para poder rehacer una vida romántica o viajar si se quiere. En este caso estás deteniendo tu vida esperando que algo que no es tuyo avance para poder pasar. Como si fuera una especie de semáforo emocional que está en rojo, pero al igual que en el caso de un semáforo, quizá lo que conviene es que, cuando ves que ya lleva buen rato en rojo sin cambiar, deberías empezar a pensar en la posibilidad de que esté descompuesto y deberías cruzar con precaución para seguir avanzando.

  • Que dependa de ti: Hay quien está muy mortificado porque en la familia una tía no le habla a la otra y la abuelita ya agarró bando. Eso sólo puede conducir a la frustración, porque lo que estás esperando, es decir que tu familia arregle sus conflictos, depende de otro. Lo ideal es que tu te enfoques en tener buena relación con quien se pueda con, sin y a pesar de tu familia.

2.- Si te vas a comparar hazlo adecuadamente.

  • Es decir, compárate con otro no dónde está ahora (el éxito) sino dónde estuvo en un nivel parecido al que tú te encuentras ahora. A partir de eso puedes indagar qué hizo (él y muchos como él) para salir de ahí y llegar a donde llegó. No puedes comparar procesos con resultados. Tú eres una persona que está en proceso.

3.- No es cuestión de dar un salto al vacío, sino de confiar.

  • Y no me refiero a confiar en que todo saldrá bien (pensamiento mágico). Es más bien confiar en que, pase lo que pase, tú tendrás la capacidad de hacerle frente para evitarlo, resolverlo o adaptarte a lo que venga. Es la cualidad fundamental que nos hace sentir que somos personas capaces de hacerse cargo de la vida a pesar de las circunstancias. Sin prisa, pero sin pausa.

4.- Actúa.

  • Por supuesto que se puede actuar revolcándose en la propia desgracia personal o se puede actuar avanzando hacia dónde se dice que se quiere avanzar. Lo ideal es actuar en sentido de nuestros intereses, deseos y sueños. No importa si es un milímetro, ya vendrán otros una vez que el primero sea ganado. No tiene que cambiar todo aquí y ahora o de la noche a la mañana. Hazte cargo de lo posible en lo que adquieres la confianza y desarrollas las competencias necesarias.

¿Tienes miedo de equivocarte? Lo harás. ¿Tienes miedo a que te critiquen? Lo harán.

Pero a pesar de eso, seguirás, no porque en el fondo te sientas con total seguridad, sino porque tu corazón lo quiere, ya te mereces salir de ahí y esta vida no se detiene.





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