• Mario Guerra

¿Amar a conciencia o conciencia para amar?


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Se acerca ya otro 14 de febrero y genuinamente me pregunto ¿qué pasaría realmente si dejara de “celebrarse” el amor y la amistad dedicándole un día especial? ¿Nos haría falta? O quizá la pregunta real debería ser ¿cuál es el efecto al tener un día específico y señalado para que los que se aman o son amigos se expresen su amor y amistad? En general parece que se trata más de hacerle saber al otro algo que se supone que ya sabe y todos los días se reafirma con presencia, palabras, conductas y manifestaciones de cariño ¿no es verdad? ¿O es que necesitamos realmente un pretexto para dar regalos, besos o abrazos? Parece que el orígen de todo esto nos viene de los romanos con algunos rituales y festividades que tenían más que ver con la fertilidad que con el amor y después acabamos con algo más parecido a un día en que se regalan chocolates, flores, corazones y muñecos de peluche. Claro que todo eso no tiene nada de malo si es que nos da un momento de alegría y nos recuerda el amor y compromiso de quien dice amarnos ¿no es así?


La cuestión es que a veces nos perdemos en los ideales del amor romántico y creemos que el amor es, o debería ser, un perpetuo 14 de febrero o no es amor verdadero.

Sin dejar de lado las expresiones o actos románticos que cada uno haya aprendido, pienso que además podemos complementar todo esto con algunas reflexiones para observar elementos que suelen pasar desapercibidos, porque no es lo que regularmente nos enseñan acerca de esto del amor (si es que alguna vez alguien nos enseñó algo, por supuesto).


Pensemos en el amor de pareja que se da entre dos personas y veamos juntos 3 elementos fundamentales a tener en cuenta al entrar a una relación. Por supuesto no son los únicos, pero pienso que son importantes.


Conócete

Idealmente deberíamos tener claridad acerca de lo que queremos, esperamos y necesitamos como personas y dentro de una relación. Por ejemplo; si alguien necesita ser amado, rescatado o acompañado en su soledad, eso será lo que tienda a buscar y lo que va a tratar de obtener del otro como si fuera esa su función u obligación. ¿Te has hecho la pregunta para qué quieres tener una relación de pareja? La respuesta puede ser reveladora. ¿Cuál es la respuesta correcta? En realidad no la hay, aunque convendría que fuera algo parecido a “Buscar compartir lo bueno que hay en mí con una persona que quiera hacer lo mismo conmigo”.


¿Qué piensas acerca de las relaciones de pareja? ¿Que son “hasta que la muerte los separe”; crees que “el amor todo lo puede y soporta” o más bien le apuestas a un “ya veremos sobre la marcha qué pasa”? De igual forma lo que esperas de una relación es lo que vas a tender a buscar y provocar que suceda.


Y con relación a ti y a la otra persona: ¿Piensas más en ti y menos en el otro, más en el otro y menos en ti, crees que cada uno debería pensar en sí mismo o ambos deberían pensar en sí mismos y en el otro? Es bueno tener un balance que toque la reciprocidad en un proceso de dar y recibir.


¿Qué haces cuando te frustras o te enojas? ¿Buscas hablar y arreglar las cosas? ¿Necesitas encontrar la manera de convencer al otro de que tienes la razón? ¿Te alejas, guardas silencio o te pones francamente en una actitud intolerante y hasta agresiva? Estas son preguntas oportunas porque tu reacción ante el enojo o la frustración no es algo que otra persona, que no sea un profesional de la salud mental, podría ayudarte a resolver. Estos temas suelen afectar mucho una relación, pero no suelen ser problemas que surgen a partir de la esta, sino aspectos que cada uno arrastra hacia el interior y que la pueden contaminar gravemente. Por cierto; esto también puedes observarlo en la otra persona para saber cómo reacciona en esas circunstancias.


Escucha y observa

Luego de encontrar un poco de claridad en ti, conviene pensar en la otra persona.

¿Conoces su ideales y necesidades? ¿Le has preguntado qué es lo que espera de esta relación? Si tu sensación al plantearle a tu pareja estas cuestiones es de miedo por su posible reacción o de desgano porque dices que “no tiene caso y que ya sabes cómo va a responder”, es posible que no sea buena idea estar en esa relación. El amor podría definirse como “confianza y alegría” y no como “miedo y decepción”.

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¿Cómo resuelven juntos los conflictos? Es inevitable que los habrá, al igual que las diferencias de opinión. ¿Los evitan, los sepultan, los agravan o los resuelven? ¿Y qué tal van con el tema del perdón? ¿Lo otorgan con demasiada facilidad o es casi imposible pedirlo u otorgarlo? El perdón es casi tan imprescindible como los límites en una relación sana cuando las faltas son reconocidas y la conducta que lastima ha cesado.


En general no podemos decir que las personas no cambian, pero para que eso suceda tiene que existir la conciencia y el deseo de hacerlo. Por más que tú veas que la otra persona debería cambiar esto o aquello, es la otra persona quien debe reconocerlo y poner manos a la obra. Lo mismo que tú, dicho sea de paso, con aquello que reconozcas y quieras arreglar de ti.


Piensa y actúa

Siempre he dicho que lo que no se dice se actúa, así que es preferible decir lo que se siente, quiere o espera y también poder establecer límites. Para esto, debes tener tú muy claro cuáles son las cosas que no estás en disposición de permitirte hacer o soportar. Recuerda que los límites son para uno mismo antes que para el otro. Por ejemplo, quizá tu dignidad no sea algo que quieras negociar.


Tan pronto como te sea posible en una relación, expresa tus intereses, deseos y necesidades. Es muy importante saber qué tan afines son en esto y qué tan adaptables son a las de cada uno. No podemos esperar que alguien nos de todo lo que necesitamos de la manera en que lo soñamos, pero sí cabría esperar que conociera, validara y honrara nuestra identidad y deseos personales, siempre que no se contrapongan con los propios, claro está.


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Se flexible, adaptable y paciente. Las cosas no siempre son como queremos y qué bueno que sea así. Imagina que para que una relación funcionara, ambos tendrían que querer exactamente lo mismo para sí y para el otro. Es mejor conocerse, adaptarse y enriquecer sus vidas mutuamente. Recuerda que una buena negociación es llegar al mejor acuerdo posible.


Esto no significa que no debamos o podamos celebrar el 14 de febrero como cada uno quiera hacerlo; significa que además podemos aprovechar la oportunidad para enriquecer nuestra experiencia en una relación, porque considero que es tan importante amar como saber amar.

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