TV - Canal Once: Diálogos en Confianza - "¿Para qué perdonar?"

June 3, 2014

Es posible definir al perdón como un acto de liberación. Liberación del enojo que nos ha provocado un acto que hemos catalogado como ofensivo por otro y liberación también del deseo de que ese alguien sea castigado por su acción.     Entonces perdonar sería liberarse de alguna manera de la parte más intensa de las emociones que nos provoca algo, o alguien, que nos ha lastimado con su actuar.

 

Por supuesto que ese enojo y deseo de justicia no son insignificantes, pues en ellos reside muchas veces el hacer saber a nuestro agresor que nos ha lastimado y que no estamos de acuerdo con su actuar; es decir, es quizá la única manera a nuestro alcance de ponernos a salvo de que esa persona no nos vuelva a lastimar nuevamente al mostrarnos enojados y resentidos, un mecanismo de defensa si se le quiere ver así.    Es entonces evidente la razón de ser de dichos sentimientos hacia el que nos ha herido; la cuestión es que muchas veces mantenemos esos sentimientos como un estado permanente más que como un mecanismo reactivo protector, y otras veces somos nosotros mismos los que sufrimos, ya sea por la distancia o por el enojo constante.  Incluso somos víctimas de los efectos físicos en nuestro cuerpo, en nuestras emociones y en nuestra salud mental.

 

Es entonces pues hora de pensar en el perdón como una opción saludable y liberadora en nuestras vidas y no como un acto de bondad propia de santos, beatos o divinidades.  No se requiere tener un corazón cristalino para poder perdonar, no se requiere ni siquiera compasión por el agresor; se necesita de un profundo deseo de sanarse a uno mismo, de liberarse de las ataduras delas emociones descontroladas que nos obligan a actuar, o dejar de actuar, por mucho tiempo con los costos implícitos del hecho.

 

PERO ENTONCES, SI EL PERDÓN ES TAN LIBERADOR, ¿POR QUÉ NOS CUESTA PERDONAR?

Existen una serie de creencias erróneas acerca de lo que es el perdón y frecuentemente estas creencias se contraponen con nuestros deseos, con la salvaguarda de nuestra integridad o dignidad y hasta con nuestra capacidad de otorgar un perdón. 

 

Perdonar no es olvidar lo ocurrido, de hecho si la ofensa fue seria o ha sido recurrente, más nos vale no olvidarla para guardar en nuestro registro de memoria un aprendizaje acerca del hecho y plantearnos cuál es la lección aprendida para evitar que nos ocurra algo similar en el futuro.  Perdonar no es minimizar ni tus emociones ni el hecho en sí mismo.  Lo que pasó es importante, en tanto te dolió y sí es para tanto, por eso te sientes así.  Perdonar no es estar de acuerdo con el otro o con lo que pasó; el hecho de que tú hayas decidido liberarte del enojo, resentimiento o deseos de venganza no significa que apruebes lo que el otro ha hecho y que te ha lastimado.    Perdonar no es igual a justicia, pues no libera al otro de la responsabilidad y consecuencias de sus actos; puedes perdonar y aun así pedir un castigo para el infractor.  Incluso puedes perdonar y no querer reconciliarte con el otro; no hay nada de malo en no querer volver a ver la persona que hemos perdonado, especialmente si sentimos que estamos en riesgo al estar cerca de ella.  Pensemos el caso de un abuso sexual, maltrato físico o psicológico o incluso una secuela permanente de un acto, incluso accidental.

 

Otro obstáculo que nos impide perdonar es tomarnos las cosas de manera demasiado personal.  Debemos entender que la gran mayoría de las veces el otro, al ejecutar el acto que nos ha lastimado, busca algo que quiere o necesita para sí y pocas veces se detiene a pensar en las consecuencias que en nosotros tendrá su actuar.  Es decir, no actúa con la intención de lastimarnos sí con la de beneficiarse de manera irresponsable, si se quiere ver así.   En este caso no debemos ser nosotros quienes carguemos con las incompetencias de los demás, ya sea una pareja, nuestros hijos o nuestros propios padres.

 

¿ENTONCES CUÁNDO Y EN QUÉ MOMENTO CONVIENE PERDONAR?

Existen un par de teorías psicológicas aplicables al tema del perdón.  Una que aconseja perdonar y la otra que recomienda no hacerlo, al menos de inmediato.

 

Teoría de la reciprocidad: Dice que si perdonas, creas en el otro una sensación de que algo te debe y por lo tanto tenderá a ser “bueno” contigo porque tú fuiste bueno en él...

 

Teoría del Aprendizaje operativo: Dice que el comportamiento sólo cambia a través de las consecuencias y que si perdonas estás impidiendo el aprendizaje y esa persona te volverá a lastimar.

 

En realidad parecería ser que la teoría de la reciprocidad suele ser una muy aplicada, pero que a simple vista definitivamente no funciona.  Puede ser cierto, pero la realidad es que hay momentos de aplicar una u otra, dependiendo de la naturaleza misma de la ofensa.

 

Perdonar de inmediato: Conviene para ofensas menores o de primera vez.  Se debe hacer ver al otro lo que hizo, cómo te afectó y el hecho que has decidido perdonarlo (para activar con esto la reciprocidad).    Si necesitas que el otro haga algo para sentir que se está haciendo cargo de su falta, pídelo ahora.

 

Retrasar el perdón o no perdonar del todo: Para ofensas mayores o repetitivas.  Se trata de hacer ver al infractor su comportamiento y de qué manera eso te ha lastimado. Recuérdale concretamente que ya en el pasado ha hecho lo mismo (si es el caso), buscando ser específico dando ejemplos concretos de esto.  Dile las consecuencias que tendrá en la relación su comportamiento; cómo necesitas que se haga cargo de su acción y qué necesita hacer para que vuelvas a otorgarle la confianza y el perdón.

 

Este es el momento de hablar acerca de las consecuencias de no realizar los cambios necesarios.  No se trata de amenazar, sino de llegar a un acuerdo de qué es lo que va a suceder con la relación si el infractor se convierte en reincidente, aún a pesar de los acuerdos aquí pactados. 

Una vez alcanzados estos acuerdos, dense un tiempo para observar que todo se va cumpliendo; si no es así, bien se podría pensar en la opción de declarar por terminada la relación o tomar distancia al menos temporal e incluso permanente.

 

PARA PERDONAR

  • Reconoce tu dolor: Elabora tu duelo en relación a las ilusiones, creencias o expectativas perdidas.

  • Expresa tus emociones: Enojo, tristeza, decepción, desilusión...

  • Establece tus fronteras: Busca los mecanismos necesarios para que el otro no te siga lastimando ni chantajeando emocionalmente para que sigas en la relación.   Esto lo puedes hacer mediante declaraciones firmes o acciones decididas.   Si titubeas el otro sacará ventaja.

  • Realiza peticiones: Este es el momento en donde pides un nuevo acuerdo de conductas en el futuro.  Qué necesitas que el otro haga, o deje de hacer, para que vuelvas a otorgarle tu confianza o para que puedas procesar tus emociones adecuadamente.

  • Date un tiempo: Para llevar tú duelo, re-nivelar tus emociones y observar que el otro, si ha solicitado tu perdón y han llegado a acuerdos, en verdad esté cumpliendo con lo pactado.

  • No te sientas obligado a perdonar (al menos de inmediato): Menos por presiones y chantajes para acabar haciendo como “que nada pasó”.   Recuerda que perdonar involucra volver a otorgar confianza al infractor, por eso lleva su tiempo...

 

No olvides que no necesariamente tiene que estar presente el otro para poder perdonar, pues recuerda que el que se libera eres tú y no es el otro quien debe saberse liberado.

 

Recuerda también que hay personas a las que cuesta perdonar, por ejemplo a los narcisistas, pues estos no se hacen responsables de sus acciones, proyectan sus sentimientos negativos en otros, tienden a culpar a los demás y no se mantienen en contacto con sus sentimientos y conductas.  En suma, no parecen darse cuenta de la magnitud del daño causado y, por lo tanto, no suelen mostrarse arrepentidos o pedir perdón de manera adecuada.

 

Finalmente, si lo ocurrido ha sido muy grave, como en el caso de una violación, abuso de todo tipo o el asesinato de un ser querido, tal vez cueste perdonar al agresor y en realidad no estás en obligación de hacerlo. Recuerda que se trata de canalizar adecuadamente las emociones que han surgido del hecho y esto puede realizarse a través de transforma las emociones intensas en algo útil.  Es posible llevar a cabo acciones colectivas o de beneficio a otras víctimas si es el caso, como fundar o participar en asociaciones de defensa o atención a los afectados y sus familias o haciendo saber lo ocurrido a otros para que puedan evitar ser también víctimas de algo similar.

 

PERDONARSE A SÍ MISMO

Una manera muy efectiva de hacer esto no difiere de la manera de perdonar a  otros. De hecho, yo suelo recomendar a mis pacientes que se miren a sí mismos en el pasado (cuando llevaron a cabo la acción por la que hoy no pueden aún perdonarse) como si fuesen otra persona.  Que observen como ese otro “sí mismo” actúo desde la impulsividad, la ignorancia o la incompetencia.  Que actúo pensando que su acción acabaría por tener buenos resultados, quizá incluso pensando que nadie se iba a enterar.  Una vez que puedes mirarte a ti mismo en el pasado como un ser que aún no había aprendido, no te queda sino aprender a mirarlo más que con odio, con compasión, pues no sabe que en el futuro cercano sufrirá en carne propia el resultado de sus malas decisiones.

 

¿CÓMO SABER QUE YA HEMOS PERDONADO?

Una buena señal es cuando las emociones derivadas de lo ocurrido ya no dominan tu día a día con igual o mayor intensidad que al principio.  Recuerda, no es olvidar, sino canalizar las emociones para que vayan matizándose a través del tiempo y el trabajo de sanación que realices para perdonar.

 

PROTOCOLO DE ONCE PASOS PARA PEDIR PERDÓN

Si has cometido una falta, aquí te dejo este protocolo que suele ser de mucha ayuda para alcanzar el perdón de otro a quien hemos ofendido.   Pero recuerda, muy frecuentemente este protocolo funciona una sola vez…  si tienes que usarlo más veces, es porque originalmente no lo seguiste al pie de la letra y tal vez ya sea demasiado tarde, pues aquel a quien has lastimado ahora no sólo ya no confía más en ti, sino tampoco en esta estructura para pedir perdón.

 

  1. Di que lo sientes (el haber hecho lo que hiciste).

  2. Realiza un inventario de las consecuencias que tu acto pudo tener en el otro y díselas...   pregunta si está de acuerdo o hay algo más en que se haya visto afectado.

  3. Vuelve a decir que lo sientes (ahora sobre las consecuencias)

  4. Reitera que entiendes lo que has causado y deja que el otro se libere de lo que siente... (aguanta en la medida de tu dignidad, pero sin caer en la soberbia o la defensa).  Deja que se sienta escuchado...

  5. Clarifica con la otra persona que no fue tu intención dañar; hazle saber qué buscabas para ti al hacer lo que hiciste...

  6. Pide perdón con humildad; describe tus emociones alrededor de lo que está ocurriendo (arrepentimiento, remordimiento, tristeza, enojo...)

  7. Especifica lo que has aprendido del incidente, tanto de tu conducta como de las consecuencias.

  8. Pregunta al otro cómo te puedas hacer cargo de tu falta.

  9. Di lo que estás dispuesto a hacer para evitar que esto se repita (y hazlo).

  10. Especifiquen juntos las consecuencias de una nueva trasgresión.

  11. Vuelve a decir que lo sientes y agradece el perdón que se te ha otorgado o ten paciencia si el otro decide tomarse un tiempo para observar la autenticidad de los compromisos

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